La sostenida disminución del número de sacerdotes y la secularización de la sociedad pone en jaque el quehacer tradicional y la naturaleza misma de la instancia básica de la estructural eclesial, la parroquia. Sólo si se opera un profundo cambio de mentalidad en la Iglesia, la parroquia podrá, junto con cumplir sus roles tradicionales, convertirse en instrumento de auténtica evangelización