La Iglesia Evangélica Alemana, con unos 25 millones de fieles, ha elegido como cabeza de los luteranos de ese país a la obispo Margot Kässmann (51), divorciada por más de señas y madre de cuatro hijos, en lo que constituye un hecho sin precedentes, que algunos saludaron como una señal esperanzadora, pero que probablemente dificulte todavía más el diálogo ecuménico.
Redacción de creyentes.cl
Diciembre de 2009
UNA MUJER DIVORCIADA de 51 años de edad, descrita por los medios periodísticos como de carácter jovial y de mentalidad abierta al mundo, a cargo hasta octubre de 2009 de la diócesis de Hannover, la cual, con tres millones de fieles, es una de las más importantes del protestantismo alemán, fue elegida hace poco presidenta del Sínodo de la Iglesia Evangélica del país natal de Martín Lutero, en lo que constituye un paso trascendental por partida doble dentro de la cristiandad. Tómese en cuenta que la Iglesia Católica Romana, presidida desde 2004 por otro clérigo alemán, Joseph Ratzinger, es decir Benedicto XVI, prohíbe a los divorciados acceder a la Eucaristía, niega el acceso al sacerdocio a los mujeres y lo permite únicamente a los varones célibes.
Con razón, pues, el prestigio diario francés Le Monde tituló al respecto: “Una mujer para poner al día la Iglesia protestante alemana”, calificando la elección de Margot para un período de seis años, como “un acontecimiento histórico”. Imposible no evocar los planteamientos que vertiera Margot el año 2001: “Pienso que debe ser evidente, al interior de la Iglesia protestante, que entre nosotros cada función puede ser desempeñada tanto por una mujer como por un hombre”. 131 de los 142 miembros de la instancia electoral, es decir más del 90% de los votantes, estuvieron de acuerdo con ella y la designaron por un período de seis años al frente de los luteranos alemanes.
“Así es el mundo protestante” anota con indisimulado orgullo en Chile el Pastor Siegfried Sander. “Elige a sus líderes democráticamente, no hace distinción entre hombres y mujeres, y acepta que también los/las pastores/pastoras pueden tener sus problemas, errores, fracasos y enfermedades”.
La puesta al día de esta Iglesia parece constituir un desafío de vida o muerte. Porque si bien los luteranos siguen conformando la iglesia más poderosa de Alemania, con 25 millones de fieles, en la última década han perdido varios millones y sólo en 2008, más de 160 mil alemanes se hicieron borrar del listado de la Iglesia. Puede que algunos de ellos lo hayan hecho para evitarse el descuento del dinero del culto, que en Alemania se hace en forma automática con cargo a la declaración anual de impuestos y a favor de la Iglesia a que cada ciudadano declare pertenecer, pero es probable también que un número importante corresponda a personas que han optado por la indiferencia, el agnosticismo, otras religiones o el ateísmo.
Cabe acotar que la Iglesia Evangélica de Alemania fue refundada en 1945 como una federación de 24 iglesias autónomas que abarcaban todo el territorio germano, ignorando la división entre la república federal y la llamada democrática. Pero en 1969 las iglesias del territorio comunista se escindieron de la federación, independizándose y pasaron con el tiempo a asumir una actitud cada vez más crítica contra el régimen comunista. Tras el colapso del muro de Berlín, las iglesias del Este y de Occidente volvieron a unirse.
TRAYECTORIA VITAL
Margot, para quien “la palabra cristiano es el antónimo de lúgubre o malhumorado”, ha escrito un libro sobre los diez mandamientos en los que estos son presentados no como vetos, sino como libertades y consejos para el logro de una vida plena. Así, el “no matarás” se convierte en “una invitación a la protección de todo lo vivo”. Otro de sus ocho libros sobre temas teológicos aborda el drama de la pasión de Jesús.
Nacida en 1958 en el estado de Hesse, Margot fue ordenada pastora en 1985. A mediados de 1999 fue elegida obispo de Hannover, sede de la mayor diócesis protestante de Alemania. Esta designación suscitó fuerte resistencia de los luteranos tradicionalistas, que ya veían con inquietud los enfoques renovadores que la teóloga postulaba en relación, por ejemplo, a los homosexuales, la inmigración, el diálogo interreligioso y el antisemitismo.
La nueva jerarca luterana vive con una de sus hijas y un quiltro que ella rescató de la perrera municipal. En 2007 se divorció de su marido, también clérigo luterano con el que había contraído matrimonio 26 años antes. Aunque la ruptura entre ambos fue civilizada, la entonces obispo de Hannover hubo de cargar la cruz de una avalancha de cartas insultantes y descalificatorias, la mayoría de ellas anónimas. Ha confesado que estuvo entonces a punto de renunciar a su cargo, pero, ante esta posibilidad, incluso los teólogos más tradicionalistas de mi Iglesia me animaron a continuar con el argumento de que “quien conoce el dolor y la ruptura del matrimonio es más creíble».
Poco después a Margot se le diagnosticó un agresivo cáncer de mama, que parece haber superado, pero que le robó parte del aspecto fresco y juvenil que la caracterizaba. Como no hay bien que por mal no venga, la corajuda lucha contra su enfermedad la convirtió en un ícono para amplios sectores ciudadanos, al punto que en la elección de la mujer del año 2007 llegó a aventar en popularidad a la famosa tenista Steffi Graf. Una enfermedad que le hizo decir: “Hay ocasiones en que el buen Dios somete a prueba a sus servidores. Para mí fue de gran apoyo ese pasaje bíblico que enseña que debemos regocijarnos en la esperanza”.
Angela Merkel, la jefa del gobierno alemán, no disimula su admiración por la obispo Margot Kässman. “Ella se ha empeñado en colocar a la Iglesia en el centro de la vida de nuestro país y muy cerca de la realidad cotidiana de los ciudadanos”.
TOMA DE POSICIONES
Algún tiempo atrás Margot suscitó controversia al enfrentarse con la famosa artista Madonna, a quien le asestó una crítica demoledora para el ego de la provocadora cantante y bailarina, en respuesta al provocativo show en que se hace supuestamente crucificar sobre el escenario. “A decir verdad, pensaba que era capaz de hacer algo mejor, ella que se define como un ser religioso”. Aconsejó ignorar a esta estrella que, pese a los esfuerzos por mantenerse joven, ha entrado en “un evidente proceso de decrepitud”.
A comienzos de 2007 solicitaba públicamente al Gobierno promover el diálogo con los terroristas que permanecen presos, antiguos miembros de la banda terrorista Bande à Bader, que asoló a la entonces Alemania Occidental en los años setenta. “La negativa del Estado a dialogar con estos antiguos terroristas no constituye un signo de autoridad. Ciertamente no es fácil acometer este ejercicio, pero resulta indispensable hacerlo si queremos construir un mejor futuro como sociedad”.
Más recientemente, tras el estallido de la crisis financiera mundial en 2008, sentenció que el crecimiento económico no puede convertirse en la nueva divinidad. “El objetivo de amasar utilidades rápidamente no puede apagar el imperativo de la solidaridad. Nuestra confianza en Dios es más importante que el dinero. El no dispensa anticipadamente la fuerza para superar las crisis que nos envía para evitar que nos volvamos soberbios”.
Poco después, inquieta ante el pesimismo de una sociedad materialista y que envejece ante la caída de los nacimientos, invitó a sus compatriotas a superar la ’sequía anímica y la depresión’ que vive Alemania y calificó de ‘tragedia’ que haya quien considere a los niños desde un punto de vista meramente económico.
EL DIFICIL AVANCE HACIA EL REENCUENTRO
La solidez de sus convicciones y la decisión que se juega por ellas le han ganado muchos detractores, al interior no sólo de su Iglesia, sino de otras confesiones cristianas. Le subleva sobre todo la dificultad del avance de los esfuerzos tendientes al acercamiento de las diversas confesiones cristianas. “Adoramos al mismo Dios. Me cuesta mucho entender, entonces, por qué es tan difícil ponerse de acuerdo incluso en las cosas más simples”. Franqueza que le hizo declarar, en su momento, tras la elección del entonces cardenal Ratzinger como nuevo Papa de la Iglesia Católica: “Con él, no existen muchas posibilidades de progreso en lo tocante al reencuentro de todos los cristianos”. Un pronóstico inquietante si se tiene en cuenta que el antecesor de Margot, el obispo Wolfang Huber, declaró al término de su sexenio, que en ese lapso los avances en el acercamiento con la Iglesia Católica habían sido nulos.
Pero si Benedicto XVI vuelve en visita oficial a su país no le será fácil reincidir en la actitud desdeñosa que mostró hacia Margot la última vez. Al concurrir a la Jornada Mundial de Juventud, que tuvo lugar en Colonia, el papa tachó el nombre de la lista de las personalidades religiosas con las que se reuniría.
Un indicio de las dificultades con las que tropezará Margot lo dieron los jerarcas de la Iglesia Ortodoxa rusa. Cuando Vladímir Gundiáyev se convirtió en Cirilo I, cabeza de la Iglesia ortodoxa rusa, en enero de 2009, se comprometió a hacer lo posible por mejorar las relaciones de ésta con otras Iglesias cristianas. Sin embargo, apenas elegida Margot al frente de la Iglesia Evangélica Alemana, el arzobispo de Volokolamsk y director del Departamento para las Relaciones Eclesiásticas Externas del Patriarcado de Moscú, Ilarión Alféyev, anunció el fin del diálogo entre su Iglesia y la luterana. Menos mal que no todos los ortodoxos piensan que el ascenso de una mujer a la máxima instancia jerárquica de la Iglesia Luterana constituye poco menos que una manifestación del poder diabólico. El vicario general de la diócesis ortodoxa serbia de Europa central, el arcipreste Milan Pejic, ha señalado: “No puedo entender por qué la Iglesia rusa ha reaccionado de esta manera. Quizás tengan segundas intenciones al hacerlo”.
Si numerosos jerarcas religiosos la miran con hostilidad, Margot en reconocida como una destacada hermana en la fe por muchos católicos o cristianos de otras denominaciones. Ellos la han escuchado repetir vigorosamente: “A protestantes y católicos nos une mucho más de lo que nos separa”. Por eso, jamás la tratarían como “la monseñora divorciada”, que es el título con que la están tratando de rebautizar con muy poca caridad algunos sectores católicos que se consideran más fieles a las enseñanzas bíblicas.