El Premio Nobel de la Paz le queda como poncho al creyente cuya llegada a la Casa Blanca suscitó tantas esperanzas, pero que ha sido incapaz de zafarse de los tentáculos de quienes controlan en verdad el poder en la superpotencia mundial. Las lúcidas reflexiones de otro Nobel de la Paz, el cristiano argentino Adolfo Pérez Esquivel
Raúl Gutiérrez V., periodista, editor de CREYENTES.CL
Octubre de 2009
LA DESIGNACIÓN DE Barak Obama como Premio Nobel de la Paz 2009 sorprendió incluso al inquilino de la Casa Blanca, según él mismo lo reconoció hidalgamente, ya que cuesta entender las razones del Comité Nobel de Noruega, responsable de esta decisión, en circunstancias de que existen a lo largo y ancho de mundo decenas de personas que a riesgo de sus vidas libran prolongadas luchas contra injusticia y la opresión.
Es cierto que Barack se ha comprometido con el desarme nuclear y dado muestras de una actitud más cooperadora con el resto del mundo en desafíos como el calentamiento global y la vigencia de los derechos humanos. Pero no ha tenido el coraje de levantar el embargo de EEUU en contra de Cuba, calificado de inmoral por los obispos católicos de la isla y por sucesivos pronunciamientos de Naciones Unidas, optó por cruzarse de brazos ante el derrocamiento de un presidente legítimo en Honduras y hasta se ha mostrado decidido a profundizar, en contubernio con las fuerzas de la OTAN, el involucramiento de su país en Afganistán, el cual, sólo en los últimos meses, ha costado la vida de centenares de civiles inocentes, la mayoría de ellos niños, víctimas de “errores” de las tropas invasoras.
En estas circunstancias, hay que coincidir con el comentario del diario oficioso del Vaticano, L’Osservatore Romano, en cuanto a que el Nobel de la Paz a Barack constituye, antes que un premio, una invitación a que la superpotencia que es Estados Unidos se decida de una buena vez por la construcción de la paz, abandonando todo lo que significó la siniestra presidencia de George W. Bush. El galardón sería una forma apenas encubierta de presión para inclinar a Obama hacia opciones más nobles, evitando que los únicos que lo “tironeen” sean los llamados “halcones”, es decir los poderosos señorones que han controlado tradicionalmente el poder en EEUU y para los cuales las guerras nunca han dejado de ser un estupendo negocio, que les reditúa siderales ganancias, a lado de las cuales la muerte de algunos miles de jóvenes norteamericanos, en su mayoría negros o latinos constituye apenas una anécdota.
La concesión del Nobel de la Paz, una distinción cargada de simbolismo, podría servir para que Obama se decidiera de una vez, abandonando el camino de la ambigüedad, que ya le ha significado la erosión del enorme apoyo con que inició su mandato a comienzos de 2009. La esperanza que suscitó entonces en el mundo se han visto desmentidas por decisiones recientes acerca de Irak y Afganistán que lo sitúan “a medio camino entre una fidelidad a los principios pacifistas proclamados en la campaña electoral y una política más realista, que alguno ha definido como continuación de la del ‘belicista’ George W.Bush” para utilizar la expresiones del diario vaticano.
Caprichoso, sin duda, el Comité Nobel que discierne anualmente el Nobel de la Paz. Se lo entrega a Barack, pero se lo negó a Juan Pablo II, en circunstancias de que el veterano pontífice, estragado ya por el Alzheimer, tuvo las agallas de condenar sin tapujos la invasión de Irak que habían lanzado George W. Bush y sus secuaces, jefes de gobierno de las potencias occidentales. La explicación llega a dar vergüenza ajena y es que el papa polaco era demasiado “conservador” en temas como el aborto y el matrimonio entre homosexuales.
Obama es un cristiano que ha hecho pública manifestación de su fe, la cual no es la de un semi analfabeto, sino de una persona bien dotada desde el punto de vista intelectual, a la que es posible entonces interpelar en lo tocante a su compromiso por la paz y su voluntad de zafarse de la férula de los fabricantes y traficantes de armas. Es en el terreno de la construcción de la paz en el que Obama puede mostrar mejor sus convicciones éticas y religiosas, ya que en materias tales como el aborto, la investigación con células madre, el matrimonio entre homosexuales, etc, persisten diferencias al parecer insalvables al interior del mundo de los creyentes.
Así como los responsables de discernir al galardonado con el Nobel de la Paz optaron por Obama, según se dice, para tratar de presionarlo legítimamente a favor del entendimiento y la reconciliación, otro tanto debieran hacer los creyentes, recordando al presidente de EEUU no sólo el tono antibélico de sus promesas y campaña electorales, sino sus convicciones éticas, tantas veces esgrimidas durante la contienda cívica que lo llevó a la Casa Blanca.
HA LLEGADO CARTA
Por eso es interesante seguir la pista a los planteamientos que ha venido vertiendo otro Premio Nobel de la Paz, el argentino Adolfo Pérez Esquivel, quien obtuvo la distinción en 1980, en lo más profundo de la noche de barbarie a que condujeron a ese país sus militares, quienes parecían empeñados en competir en crueldad y cinismo con sus congéneres chilenos, encabezados a la sazón por un Augusto Pinochet ebrio de poder total.
Este periodista tuvo el privilegio de conocer a Pérez Esquivel a fines de los sesenta, cuando en diversos países latinoamericanos comenzaban a surgir grupos, básicamente de formación cristiana, que descubrían la superioridad moral y las potencialidades de la lucha no violenta inspirada en las enseñanzas y praxis del Mahatma Gandhi y del pastor Martin Luther King. A comienzos de los setenta me alojé en su casa, cerca de Buenos Aires, cerca de la desembocadura del Río de la Plata. Poco después vino a Chile y se alojó en mi modesta vivienda, en la comuna de Pudahuel de Santiago. Por entonces ni imaginábamos que pocos años después obtendría el Nobel de la Paz por su corajuda lucha en defensa de los derechos humanos brutalmente conculcados por los militares de su país. A diferencia de lo que sucedió en Chile bajo Pinochet, en la Argentina la mayoría de los jerarcas católicos optaron por hacerse los desentendidos ante la represión brutal de los opositores, así que Pérez, un cristiano militante, pero laico, tuvo que asumir un rol preponderante, afrontando, los riesgos consiguientes, que eran, digámoslo sin tapujos, la tortura y la muerte, con desaparición del cadáver del molestoso.
Aunque andando el tiempo perdí contacto con Pérez Esquivel y su familia, comprenderán los lectores que este arquitecto y escultor que ahora tiene 78 años de edad (nació en noviembre de 1931) sigue siendo para mí un importante referente moral. Y no sólo para mí, sino que para millones de personas, ya que el galardón que obtuvo en 1980 significó no el punto final de una lucha noble, sino que apenas un hito de un trabajo por la justicia y la reconciliación en el que ha perseverado otros 30 años.
No me sorprendió enterarme, entonces, buscando en Internet, que Pérez Esquivel estaba a su turno sorprendido con el Nobel de la Paz para Barack. “Obama es el presidente del país más agresor del mundo, una superpotencia que impone las cosas desde el complejo industrial-militar, las guerras y los conflictos”. La explicación reside, dejó constancia Pérez Esquivel, en que Barack accedió al Gobierno, pero no al poder, el que sigue en manos de un pequeño grupo que opera tras las bambalinas y que es capaz de asesinar sin asco al presidente que se les ponga difícil.
Al imponerme de estas declaraciones me sentí reconfortado y me dije que Pérez Esquivel disponía de la capacidad ética e intelectual para interpelar al presidente de EEUU en temas valóricos tan importantes como los relacionados con la justicia, la discriminación, la guerra y la paz.
Este el contexto en que a mi juicio debe leerse la carta que Pérez Esquivel hizo llegar a Barack Obama tras enterarse de que pasaban a ser colegas en lo que toca a esta distinción. Una misiva cordial, pero franca, ajena a los sobajeos propios de los diplomáticos. “Tengo que señalarle que me sorprendió la noticia de su designación. Sé de sus valores humanistas y decisión de superar los graves problemas que afectan a su país y el mundo. Que quiere hacer realidad el sueño de Luther King, ese gran luchador por los derechos civiles en su país, para superar las injusticias a fin que todos y todas podamos sentarnos en la misma mesa de la fraternidad y compartir el pan que alimenta el cuerpo y el pan que alimenta el espíritu y construir los caminos de la libertad…”
Es lo que ha asegurado Barack, con mucha fuerza en su campaña, la cual por mismo galvanizó a la ciudadanía de su país y suscitó una mera de buena voluntad respecto de su persona en el resto del mundo, sentimiento que, por desgracia, se ha venido debilitando. Es que “se necesitan decisiones políticas para superar los conflictos armados que afectan a la humanidad y en los que su país está involucrado”, señala Pérez Esquivel; y la falta de esa voluntad política, decimos nosotros, es la causa de que Barack se haya quedado marcando el paso en una serie de temas que tienen que ver con la ética y la paz, como el cierre de las cárceles secretas, el fin de la guerra en Irak y Afganistán, el inepto y abusivo bloqueo a Cuba, la instalación de siete bases militares en Colombia, el involucramiento encubierto de EEUU en Honduras.
“Si bien, Presidente Obama, sus declaraciones son esperanzadoras es necesario concretarlas, procurando una mayor coherencia entre el decir y el hacer, y encontrar los caminos alternativos de construcción social, cultural y político que permitan cambiar las relaciones entre EE.UU. y los pueblos, muchas veces conflictivas y no de integración y respeto a la diversidad y soberanía de otros pueblos.
El Premio Nobel 1980 le hace notar a Obama que los enormes desafíos no son tarea para un hombre solo, por muy poderoso que sea el Presidente de Estados Unidos. “Los pueblos deben ser partícipes y protagonistas de la construcción de nuevos paradigmas de vida y llegar a hacer realidad sociedades más justas y fraternas”. Enseguida, le da fraternales consejos: “Escuche la voz de los pueblos y no se deje manejar por quienes siempre buscan privilegiar el capital financiero e imponer sus propios intereses, económicos, políticos y militares, sobre la vida de la humanidad. Son quienes destruyen el medio ambiente, las libertades ciudadanas y generan el hambre, la pobreza y marginalidad. Tenga presente que la FAO ha señalado que mueren por día más de 35 mil niños de hambre en el mundo”.
A continuación, Pérez Esquivel advierte a Barack: “Usted, como Presidente de EE.UU. y Premio Nóbel de la Paz tiene que optar y decidir el camino a seguir: o continúa aumentando el presupuesto militar, torturando e invadiendo otros pueblos, o está dispuesto a construir la Paz, superar el hambre, el analfabetismo, la desigualdad social y construir un “Nuevo Contrato Social” para la humanidad, de respeto e igualdad para todos y todas”.
La carta termina con el deseo de “paz y bien”, que es propio de los seguidores de San Francisco de Asís.
UN CAFÉ PARA BARACK
Apenas un par de meses antes, a comienzos de agosto, Pérez Esquivel había imaginado que el Presidente de EEUU le aceptaba la invitación a compartir un express o un “cortado” en el tradicional Café Tortoni, en la Avenida de Mayo, en el corazón de Buenos Aires. “Llegó bastante agitado y preocupado, diciendo que la Casa Blanca está llena de fantasmas y que hay días que no puede dormir, que hacen mucho ruido y que por la mañana cuando va al Salón Oval, encuentra todo revuelto. Yo no creo en los fantasmas, pero que los hay, los hay”.
En ese diálogo imaginario, Pérez Esquivel se encontró compadecienco a su intelocutor. “Lamento que tengas tantos problemas…vas a necesitar un guía espiritual que haga un exorcismo en la Casa Blanca y expulse los fantasmas porque en caso contrario, ellos te van a complicar la vida”.
Enseguida pasó a contarle acerca de un compatriota de Barack, un hombre que dio el ejemplo de coherencia entre el decir y el hacer, que influyó muchos en las luchas sociales por la liberación de distintos pueblos, asumiendo la resistencia civil, y entre cuyos discípulos se contaron figuras de la talla del Mahatma Gandhi y Luther King. Se refería al pensador Henry Thoreau, quien sentenció: “toda persona amante de la libertad debe ser respetuosa de la ley; debe respetarla y hacerla respetar; pero no toda ley es justa, las leyes injustas deben ser desobedecidas hasta su total nulidad”. Por ser coherente, claro, Thoreau fue a parar a la prisión, asumiendo el desafío de defender la libertad, negándose a pagar impuestos injustos e inmorales al gobierno de EE UU., con los cuales se financiaban la guerra contra México”.
Pérez Esquivel se vio luego contando a Barack un cuento sufí: “Iba la Peste camino a Bagdad cuando se encontró con Nasdurin, quien le preguntó: ¿A donde vas? “A Bagdad a matar diez mil personas”. Después de un tiempo, la Peste volvió a encontrarse con Nasdurin, que muy enojado le dijo: “me mentiste. Dijiste que matarías a diez mil personas y mataste a cien mil”. Y la Peste respondió: “Yo no mentí, maté diez mil, el resto se murió de miedo”. Reflexión de Pérez: “El miedo paraliza, y del miedo a la cobardía hay un solo paso y éste nos afecta y reduce nuestros mecanismos de defensa natural”.
Ello le sirvió de base para hacer un llamado a la conciencia de Barack: “Es hora de repensar y tener una mirada hacia el interior del espíritu, saber escuchar el silencio de Dios, que nos habla a cada uno de nosotros. ¿Cuantas muertes provocó la guerra desatada por tu país en Irak y Afganistán, en nombre de lo más perverso e inhumano que se pueda imaginar, la madre de todas las violencias, “la mentira”, invocando la defensa de la democracia y el derecho de los pueblos? Han regado los ríos de sangre y sembrado la muerte”.
Enseguida el Premio Nobel argentino evocó una sentencia del escritor uruguayo Eduardo Galeano: “Navega el navegante, aunque sepa que jamás tocará las estrellas que lo guían”. Y preguntó, tuteando a su interlocutor: “¿Recuerdas Barack que el presidente Hugo Chávez te regaló el libro “Las Venas Abiertas de América Latina”? Espero que lo hayas leído. ¡No lo leíste todavía!- Eso sí que es preocupante. ¿Cómo vas a entender a América Latina si no conoces esa obra? Muchacho, trata de comprender a los pueblos y saber cual fue la política de tu país para el continente. Te asombrarás”.
ESCUCHAR A UN PROFETA
Casi treinta años atrás, al recibir el Premio Nobel en Oslo, en una emocionante alocución ante los reyes de Noruega, Pérez Esquivel dijo
En este momento solemne evoco los rostros de mis hermanos,
los trabajadores, obreros y campesinos que son reducidos a niveles de vida infrahumana y que ven limitados sus derechos sindicales,
el rostro de los niños que padecen desnutrición,
de los jóvenes que ven frustradas sus esperanzas,
de los marginados urbanos,
de nuestros indígenas,
de las madres que buscan sus hijos desaparecidos,
de los desaparecidos, muchos de ellos niños,
de miles de exiliados,
de los pueblos que reclaman libertad y Justicia para todos.
Pese a tanto dolor, vivimos la Esperanza porque creemos, como San Pablo, que el amor nunca muere y que el hombre, en el proceso histórico, ha ido creando enclaves de Amor con la práctica activa de su solidaridad en todo el mundo hacia la liberación integral del hombre y los pueblos.
Para mí es esencial tener la serenidad interior de la oración para escuchar el silencio de Dios, que nos dice en nuestra vida personal y en el signo de la historia de nuestro tiempo de la fuerza del Amor. Y es por esa fe en Cristo y en los hombres que debemos aportar nuestro esfuerzo humilde en la construcción de un mundo más justo y humano. Y quiero afirmarlo con énfasis: Ese mundo es posible. Y para construir esa nueva sociedad debemos estar con las manos abiertas, fraternas, sin odios, sin rencores, para alcanzar la reconciliación y la Paz, pero con mucha firmeza, sin claudicaciones en defensa de la Verdad y la Justicia. Porque sé que nadie puede sembrar con los puños cerrados.
Para sembrar es necesario abrir las manos.
(…) Invoco la palabra de Cristo, en el Sermón de la Montaña, la que quiero compartir con todos ustedes, con mi pueblo y el mundo.
Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos,
Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierra,
Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.
Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos serán saciados.
Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia,
Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios,
Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios.
Bienaventurados los perseguidos por la causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos,
Bienaventurados seréis cuando os injurien y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos; pues de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros.
Pérez Esquivel conocía no sólo intelectualmente, sino que en carne propia, de lo que hablaba. No sólo había sido detenido y torturado por los militares, sino que había sido ninguneado por numerosos obispos y sacerdotes, que llegaron incluso a cuestionar su condición de católico comprometido. Por favor, no lo estoy canonizando ni subiendo a los altares, sino solamente mencionando el testimonio de un dirigente social que pese a sus debilidades, fallas y defectos, ha procurado ser fiel por décadas a su compromiso social del Evangelio.
Ahora bien, Barack Obama nunca ha ocultado su condición de creyente: ha llegado incluso a molestar a algunos de sus seguidores, ya que en momentos estelares de su carrera política no deja de invocar al Señor ni de aludir a sus creencias religiosas. Por eso mismo, sería bueno que tomara en cuenta las palabras y reflexiones de este profeta de nuestros días, que eso es Adolfo Pérez Esquivel, alguien cuya permanente lucha por la justicia y el respeto a los seres humanos encuentra su base en el Evangelio de Jesucristo y que se hace eco de las enseñanzas de todas las grandes religiones. Precisamente porque Pérez Esquivel es un laico, es decir no es un jerarca religioso que debe defender intereses de estructuras o instituciones, su voz es profética y digna de ser tomada seriamente en cuenta.
Cierto, quienes ejercen el poder nunca puede olvidar que la política es el arte de lo posible. El olvido de ese principio básico ha degenerado a veces en experiencias muy costosos, en términos de vidas humanas y pérdidas materiales. Sin embargo, los políticos de buena voluntad deben esforzarse sin tregua por expandir la frontera de lo posible, ya que en caso contrario estarán incurriendo en la complacencia o el cinismo, sobre todo si llegaron al poder sobre la base de promesas de un cambio de profundo contenido moral. Y si dan vuelta la espalda al imperativo de expandir la frontera de lo posible, su quehacer se tornará insípido y terminará degenerando en una mera lucha por acceder al poder o conservarlo, lo que inevitablemente desemboca en la el cinismo y la corrupción.
Por eso, si el presidente Barack Obama no presta debida atención a voces como las de Pérez Esquivel será un cristiano que destiñe. Alguien que, por añadidura, perderá apoyo electoral debido a su falta de coraje y, en definitiva, su inconsecuencia. Dios no quiera que se termine frustrando la gran esperanza que significó el arribo de Barack Obama a la Casa Blanca.