Monjas en crisis: más allá de los números

Monjas en crisis: más allá de los números

Si las hermanas del Villa Maria dejan el emblemático colegio para niñas pudientes es por la creciente falta de vocaciones, pero la crisis, en verdad un cataclismo, tiene que ver también con la forma más adecuada de vivir la consagración religiosa. “Las confesiones de una monja moderna”, una franciscana estadounidense, arroja luces acerca de los desafíos e interrogantes que se plantean en claustros casi vacíos y en centenares de pequeñas comunidades de mujeres consagradas

Raúl Gutiérrez V., editor de CREYENTES.CL
Octubre de 2009

¿QUÉ SERÁ O habrá sido de la hermana Cecilia Laflamme? La última vez supe de ella fue a comienzos de los noventa. La entrevisté en la casa que ocupaba junto a otras religiosas de su comunidad en un barrio de clase media en el centro de Santiago, cerca de la iglesia parroquial San Juan Evangelista. Conversamos acerca de la disminución de las vocaciones religiosas y poco después me hizo llegar un artículo sobre el tema, que yo publiqué en el boletín IGLESIA NUESTRA, bajo el título “Cómo enfrentar con esperanza nuestra inminente desaparición”.

¿Habrá muerto Cecilia, integrante de la Congregación de las Hermanas de San José de Saint-Vallier, fundada en Francia hacia mediados del siglo XVII? No cabe descartar que haya fallecido, pero lo más probable es que siga viva, ya que debiera tener unos 80 años de edad y son muchas las canadienses que superan con holgura esa barrera. Ojalá que continúe en actividad y que haya encontrado respuestas a las inquietantes preguntas que se planteaba por entonces.

Felizmente he conservado lo que ella escribió por entonces. Lo reproduzco enseguida.

¿QUÉ NOS QUIERE DECIR CON ESTA CRISIS EL SEÑOR?
Cumplí ya los 60 años de edad. Después de mí hay sólo 63 hermanas, entre las cuales apenas una es menor de 40, y hay diez que tienen entre 50 y 60 años. El noviciado no ha recibido ninguna joven desde hace una década. Me pregunto qué piensa para sus adentros cada integrante de mi Congregación. ¿Qué interrogantes suscita esta situación en el espíritu de cada una, cuáles son sus temores y angustias? Me gustaría reunir un grupo de compañeras para que juntas enfrentásemos con esperanza el triste porvenir de hoy, buscando lo que verdaderamente nos quiere decir el Dios de nuestros padres. Sin embargo, tengo la sensación de que la mayoría de mis hermanas están resignadas…

Vivo esta situación como una angustia espiritual existencial. No tengo miedo de mí. ¿Quién me acompañará en mi vejez? ¿Quién cuidará de mí cuando las fuerzas me abandonen? No, ésas son preguntas que inquietan por igual a todas las personas célibes, y ya se verá dentro de poco si tengo también que planteármelas.

No, lo que me aprieta la garganta es la conciencia de haber recibido un valioso legado espiritual para la vida de mis hermanos, una misión-carisma para construir el reino del amor de Dios y no haber encontrado a quien transferírselo.

Un fuego interior ha alumbrado en el seno de mi Congregación, atravesando los siglos. Ha transformado corazones en caridad para que los cojos caminen, el odio se convierta en reconciliación y la ignorancia en saber, y para que los abandonados reciban afecto. ¿Brilla todavía ese fuego que fue confiado a mi Congregación hace tres siglos y medio? ¿De qué forma proyecta el rostro del Señor? El Evangelio no se agota en la vida de una persona. A cada congregación se le ha confiado la misión de poner el acento en un determinado aspecto del Evangelio, un rasgo del rostro del Señor, en respuestas a las necesidades humanas. “Que todos sean uno, Padre, como tú y yo somos uno, a fin de que el mundo crea que Tú me has enviado”. En este mundo dividido, ¿ha pasado de moda la Encarnación de Jesús para reunir a todos sus hijos dispersos? ¿Por qué entonces la muerte a tan corto plazo?

Se ha planteado que “el hecho de reconocer la existencia del caos (de la vida religiosa), encierra un valioso potencial espiritual para la evolución de las comunidades religiosas. La refundación exige, empero, que sus integrantes estén dispuestos a involucrarse en este proceso”.

¿Tenemos suficiente conciencia del caos en que estamos sumidos? ¿Qué dinámica está surgiendo en el corazón de cada cual frente a este desafío? Dios, Padre de Jesucristo, que nos ha escogido en su Hijo para ser en la Iglesia la congregación del gran amor por sus hijos pobres, ¿ha dejado ya de conducirnos? ¿O nos llama con insistencia a reunirnos para que escuchemos su voluntad? Si yo estuviera cierta de que nos pide desaparecer para que su reino sea construido por otros y de una manera distinta, entraría sin vacilaciones por ese camino, sabiendo que la muerte me haría encontrar la Vida.

¿Qué Palabra de Dios quiere brotar de nuestras cenizas?

EN MEDIO DE UN CATACLISMO
No pude menos que recordar el texto de la hermana Cecilia Laflamme cuando hace algunos meses se dio a conocer en Chile que las religiosas (sisters) a cargo del Villa María, uno de los colegios más exclusivos de Santiago, abandonaban el establecimiento, agobiadas por la escasez de personal religioso. Y ahora, providencialmente  me encuentro con las “Confesiones de una monja moderna”, artículo firmado por la religiosa francisca Ilia Delio y publicado en “America, el semanario católico estadounidense de alcance nacional”

Ilia Delio parte haciendo un diagnóstico que en mayor o menor medida es aplicable también a buena parte del resto de los países del mundo occidental. La vida religiosa que protagonizan mujeres católicas está sufriendo cambios evolutivos enormes que sólo pueden describirse como un cataclismo.

La decisión de Roma de llevar a cabo visitas inspectivas a varias congregaciones femeninas en EE.UU. y la reciente investigación de la Conferencia de Liderazgos de Mujeres Religiosas indican que muestra que la cúpula de la Iglesia Católica no está contenta con las llamadas monjas post Vaticano II que se visten con ropas seculares y han abandonado la vida comunitaria tradicional.

Cifras que revelan la intensidad del cataclismo. En 1965 había cerca de 180.000 religiosas y monjas de claustro en los Estados Unidos. De acuerdo con el Centro de Investigación Aplicada al Apostolado de la Universidad de Georgetown, en 2009 son un poco más de 59.000. Una constante caída en el número de religiosas, junto con el hecho que su promedio de edad es de 75 años, comprueban que la vida religiosa en los Estados Unidos se encuentra en vías de extinción.

La buena noticia es que han surgido nuevas comunidades en las cuales las religiosas siguen un esquema diario de oración y servicio. Estas comunidades están atrayendo vocaciones jóvenes y vibrantes.

La religiosa franciscana se pregunta qué está sucediendo. ¿Será que la mayoría de las religiosas interpretaron mal los documentos del Concilio Vaticano II? ¿Será que lo que algunos ven como una veta rebelde está teniendo sus consecuencias? ¿Las mujeres están desafiando a la Iglesia? Algunos interpretan los noviciados vacíos y el envejecimiento de las monjas como evidencia de que las religiosas han tomado la opción errónea, vale decir la secularización. Otros sostienen que su intención era vivir su vida religiosa más auténticamente en un mundo que está cambiando.

La brecha entre la vida religiosa tradicional y la vida religiosa renovada se tornó evidente en EEUU a comienzos de los noventa. El quehacer de la Conferencia de Liderazgos de Mujeres Religiosas, que en el cuarto de siglo anterior  se había empeñado en vivir el espíritu del Vaticano II de apertura ante el mundo, exploración de las avenidas de la teología de la liberación, la teología feminista y el compromiso con los pobres, se vio cuestionado por el surgimiento de otra organización de religiosas que querían ser más fieles a la Iglesia. La naciente Conferencia de Superiores Mayores de Religiosas reivindicó el uso del hábito, la oración comunitaria y la adoración eucarística diarias y la obediencia irrestricta a la jerarquía y el Vaticano. Por supuesto que Juan Pablo II se puso del lado de esta Conferencia, a cuyos superiores premió con nombramientos influyentes en el seno de la Iglesia.

Timothy Radcliffe, ex Maestro General de los Domínicos, considera en su libro “¿Cuál es el objeto de la vida cristiana?” que la existencia de estas dos organizaciones obedece a la adopción de dos teologías diferentes basadas en diferentes interpretaciones del Vaticano II.

Los miembros de la Conferencia de Liderazgo adoptan la modernidad y ven en el trabajo del Concilio la nueva vida que el Espíritu Santo le insufla a la Iglesia. En cambio, los miembros de la Conferencia de Superiores Mayores enfatizan la comunión a través de la proclamación de la fe, una clara identidad católica y la centralidad de la cruz. Unas ven la vida religiosa como los esponsales divinos con Cristo; las otras ven a Cristo solidario con los pobres y buscando justicia para los oprimidos.

VIAJE A UNA NUEVA TEOLOGÍA
Tras este diagnóstico, la francisca Ilia Delio señala que a la luz de su experiencia, la raíz de las discrepancias entre estas dos agrupaciones radica en el miedo al cambio.

Narra que cuando ella ingresó, hace un cuarto de siglo, a la vida religiosa (1984), recién había obtenido un doctorado en farmacología y tenía la oportunidad de una beca de investigación post-doctoral en la Escuela de Medicina Johns Hopkins. Pero había descubierto “La montaña de los siete círculos”, del famoso monje trapense y pensador Thomas Merton y no podía abandonar su deseo que renunciar al mundo y vivir para Cristo. Deja constancia de que sus conocimientos de teología, la Iglesia y la vida religiosa eran por entonces bastante rudimentarios. En los años ‘70 ella era una activa científica que publicaba manifiestos sobre la liberación. A pesar que iba a misa regularmente todas las semanas, no se sentía mayormente entusiasmada con los cambios litúrgicos del Vaticano II. Por el contrario, añoraba el ritual místico, aunque incomprensible, de la misa en latín que había conocido de niña. Cuando tomó la decisión de entrar a la vida religiosa, buscó una comunidad austera donde pudiese llevar a cabo el sacrificio de una vida dedicada enteramente a Dios. Usar el hábito era importante para ella porque éste representaba la santidad y la identidad religiosa. Ingresó pues a un claustro de monjas carmelitas que usaban el hábito largo tradicional y tenían un esquema establecido de oración diaria, silencio, adoración y el rosario.

Al cabo de poco tiempo, empero, la visión idealizada Ilia Delio se había forjado acerca de la vida religiosa entró en crisis. Y es bastante cruda para describir esta experiencia. “Vivía con mujeres que padecían trastornos maníaco-depresivos, provenientes de familias de alcohólicos o habían enviudado a muy temprana edad. Se compartía poco en lo personal y había escaso contacto con el mundo. El Dios al cual en algún momento me había sentido tan cercana empezó a desvanecerse en la oscuridad. Me pregunté si acaso no había elegido el confinamiento solitario. Pedí una licencia para discernir mi camino y me enviaron a una comunidad franciscana cerca de una universidad donde pude retomar mi investigación. La comunidad también vestía hábito y tenían un esquema diario similar, pero la apertura de las hermanas hacia el mundo era liberadora”.

Alude enseguida a lo que denomina su “primera conversión en la vida religiosa”. Refiere que ella carecía de un computador y de un lugar adonde trabajar hasta que una hermana de la congregación de las Ursulinas, que habían optado por renovarse en la forma y el fondo, se los ofreció, complementado con comida casera. “La preocupación de la hermana Jeanne por mis necesidades, que incluían esperarme en pie hasta pasada la medianoche, abrió mis ojos al significado de la Encarnación. Por primera vez vi a Dios humildemente presente en jeans y polera. Luego vi a Dios en la frágil hermana Catherine, encargada de las grandes instalaciones de ayuda a los pobres de la comunidad, y la hermana Lucy, cuyos 40 años como misionera en Alaska me brindaron mucho más que la diversión de sus fascinantes historias a la hora de comida. En la simple vida cotidiana de las hermanas Ursulinas, vi al Dios vivo. Vi al mismo Dios entre las Franciscanas de Allegany, las que me ofrecieron un hogar donde pude hacer mi tesis doctoral”.

A través del estudio de la teología, cuenta Ilia Delio que empezó a reflexionar sobre la Encarnación y las dos formas diferentes, casi antagónicas, de vida religiosa que ella había experimentado. Cayó entonces en cuenta que Jesús practicaba costumbres y rituales judíos, que vivió la vida de un humilde carpintero y que sintió el llamado de su ministerio cuando tenía alrededor de 30 años, pero nunca se diferenció de los demás por sus ropas o sus costumbres. Se acercó a los pobres y mostró compasión por los enfermos y los moribundos y proclamó el reino de Dios y dio su vida como testimonio de la fidelidad del amor de Dios. Por ello sufrió públicamente la muerte de un criminal, sin honor ni gloria. Los primeros cristianos que fueron testigos de la elevación del Señor tenían el poder de proclamarlo. Tenía que ser así: hasta la conversión de Constantino, vivir como cristiano era el camino seguro al martirio. También hoy, la vida del evangelio significa dar testimonio de la bondad de Dios en Cristo.

Conclusión a la que arriba Ilia Delio: Los dos grupos contemporáneos de mujeres religiosas -la Conferencia de Superiores Mayores de Mujeres Religiosas y la Conferencia de Liderazgo de Religiosas- testimonian el Evangelio revelado en Jesucristo, pero sus trayectorias difieren. El primer grupo busca desposar a Cristo, su énfasis está en una unión nupcial divina. El segundo grupo principalmente sigue al Cristo liberador, testimoniando a Cristo entre las luchas de la historia. En ambos grupos podemos encontrar ídolos, secretos y disfunciones, así como santos, profetas y místicos. Ambos grupos son pecadores y redimidos. Ambos siguen el derecho canónico, ambas tiene seguro médico, seguro automotriz, planes de retiro y sepulturas.

LA VISIÓN EVOLUTIVA DE TEILHARD
¿En qué influye la vida religiosa en el mundo? Pregunta que se formula esta “monja moderna”. Evoca al notable intelectual que fue el jesuita francés Pierre Teilhard de Chardin al situar el cristianismo dentro de un universo evolutivo. Cristo es el objetivo del universo, la nueva creación, el futuro de lo que llegaremos a ser. Los que somos bautizados en Cristo debemos abandonarnos en amor y descender hacia la solidaridad con la tierra. Chardin observó que no hay nada profano en el mundo para aquéllos que saben mirar. El universo es santo porque se basa en la Palabra de Dios. Es Cristo, el que vive, quien llegará a ser.

“Durante muchos años me pregunté si las religiosas habrían leído mal los signos de los tiempos. Sin embargo, a medida que he reflexionado sobre el misterio de Dios, he llegado a creer que el universo evolutivo se mueve hacia adelante en parte porque las religiosas están trabajando en las trincheras de la humanidad, entre los pobres, los oprimidos, los marginados. Hoy en día las religiones del mundo están teniendo un rol más activo en la síntesis de una nueva conciencia religiosa. Las mujeres de Conferencia de Liderazgos de Mujeres Religiosas han arriesgado sus vidas en la consecución de la auténtica Encarnación y han proclamado proféticamente que el amor de Dios no puede exterminarse ni terminarse. Continúan luchando por el cambio de sistema en beneficio de los oprimidos. Las congregaciones podrán desaparecer, pero los caminos inscritos en la historia por las mujeres religiosas del Vaticano II son nada menos que los brotes evolucionarios de un nuevo futuro.

Tal como observó Teilhard, el sufrimiento y el sacrificio son partes del proceso de evolución. Las estructuras aisladas tienen que dar lugar a uniones más complejas. Vivir con un espíritu evolutivo significa renunciar a las viejas estructuras y comprometerse con nuevas estructuras cuando llegue el momento. La tierra y el cielo nuevos prometidos por Dios no vendrán a nosotros si nos aislamos del mundo o formamos ghettos católicos. No se desplegará con el triunfo del poder eclesiástico. Llegará cuando sigamos las pisadas del Crucificado descendiendo hacia las oscuridades de la humanidad y elevándose al poder del amor. Este es el camino hacia una nueva creación, simbolizada por Cristo.

Elocuentes palabras. Para entender tanta profundidad y elocuencia, tal vez sea necesario consignar que Ilia Delio, de las Hermanas Franciscanas de Washington, es decana del departamento de estudios espirituales en la Washington Theological Union. Su reflexión testimonial apareció publicado  recientemente en semanario católico “América”. Y no sé por qué tengo la íntima convicción de que la religiosa Cecilia Laflamme, cuyo recuerdo me sirvió para iniciar este artículo, comparte la postura de su colega franciscana. Desde algún lugar de esta tierra .. o desde el Cielo, disipadas ya sus dudas e inquietudes.



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