El análisis de lo que se dicen entre ellos los israelitas a propósito de su fiesta anual más sagrada, el Día del Perdón (Yom Kippur) y del advenimiento del año 5770 permite a los no judíos aproximarse a la espiritualidad del que, antes de Jesucristo, fue considerado el pueblo elegido por Dios
Redacción de CREYENTES.CL
Septiembre de 2009
LOS JUDÍOS CHILENOS, celebraron este 18 de septiembre no sólo el aniversario número 199 de la primera junta nacional de gobierno, que presidiera el octogenario Mateo de Toro y Zambrano, sino que el inicio del año 5770 en el calendario hebraico. Una coincidencia que el Presidente del Comité Representativo de las Entidades Judías de Chile, abogado Gil Sinay, calificó de emblemática en el editorial del semanario” La Palabra Israelita”, que circula entre los miembros de esa comunidad en nuestro país.
En su columna el personero judío reflexiona acerca del común destino de ambos países, pese a sus muy disímiles características. Chile es en verdad un país extenso, tricontinental según tratan de convencernos algunos nacionalistas exacerbados que se creen el cuento de que una parte de la Antártica nos pertenece, pero con una historia muy breve, en tanto que Israel, que aparece diminuto en cualquier mapa acumula una historia varias veces milenaria. Las coincidencias no faltan, empero, entre Chile e Israel, a juicio del abogado Sinay, quien considera que en ambos países imperan democracias avanzadas y prevalece un profundo respeto por la dignidad de las personas. Dios lo bendiga por su optimismo.
Las reflexiones siguientes permiten aproximarse a la mentalidad de los judíos que intentan vivir su fe, los cuales en verdad constituyen una minoría, ya que también dentro de Israel van ganando posiciones los que se declaran judíos por consideraciones simplemente culturales y los ateos o no religiosos en absoluto.
El abogado Sinay califica la historia de Israel de “francamente irregular” porque durante milenios esa nación no pudo acceder a una soberanía absoluta, conociendo en cambio derrota tras derrota, sin perjuicio de lo cual ha resurgido de cada una de estas caídas y sobrevivido para reafirmar sus características propias. Agrega que esta capacidad de supervivencia queda demostrada en la instalación, a mediados del siglo XX, del Estado de Israel, pese a los seis millones de héroes y mártires que cayeron víctimas del Holocausto nazi. Una tragedia que, sin embargo, sigue siendo negada o minimizada por sectores muy disímiles. Ellos abarcan desde el conservantismo católico -y ahí están, como prueba, las recientes declaraciones de un obispo seguidor de Marcel Lefebvre, excomulgado por el Vaticano- hasta el presidente de Irán, Mahmoud Ahmadinejad, y otros líderes musulmanes que propician el aniquilamiento del Estado hebreo.
A juicio de Gil Sinay, la clave de esta capacidad de Israel sobreponerse a la adversidad a lo largo de milenios es su religión. Ella ha sido el fundamento mismo de la existencia de Israel en tanto nación. Cita el pensamiento de diversos personeros del judaísmo que desde distintas posiciones ideológicas coinciden en reconocer la trascendencia de la religión para el pueblo judío.
Uno de ellos es Jacobo Klatzkin, activo dirigente sionista, pero negador de la diáspora: “No hemos sobrevivido como nación fuera de los limites naturales de tierra y lengua, por causa de la sensibilidad nacional ni por la ética del judaísmo, sino tan sólo gracias a nuestra religión”.
Menciona asimismo a Mordejai Kaplan, el fundador del MRJ (Movimiento Reconstruccionista Judío): “De todas las civilizaciones el judaísmo es la que menos puede permitirse hacer caso omiso de la religión. Ella ha ocupado un lugar tan grande en la historia del pueblo judío, que su desaparición dejaría al judaísmo empobrecido. Si la gloria de una civilización reside en la originalidad de su contribución a la cultura humana, entonces la religión judía ha sido y seguirá siendo la gloria de la civilización judía. Quítese la religión y el judaísmo se convierte en una cáscara vacía”.
El eminente rabino conservador y activo dirigente sionista, Arturo Herzberg, sostiene que la supervivencia del judaísmo está fundamentada en su respeto a los valores tradicionales: “El judaísmo de la diáspora ha recurrido a un sinnúmero de subterfugios, los cuales se han revelado, empero, de una utilidad efímera. Sólo podemos confiar en el contenido espiritual de nuestras tradiciones para conservarnos como un pueblo. Debemos regresar a nuestras fuentes como también a nuestras enseñanzas y nuestra religión”.
Hasta aquí el recuento que hace Gil Sinay para reivindicar la importancia decisiva de la religión en la conformación de la nación y el Estado hebreos. Enseguida, en este editorial con motivo del inicio del año 5770 y de un nuevo 18 de septiembre, el editorialista se felicita de la libertad religiosa que impera en nuestro país y de la igualdad jurídica de que gozan los distintos credos. Termina señalando que en este doble aniversario, que compromete a todos los judíos de Chile, “elevaremos en nuestro templos oraciones por la prosperidad de la Patria chilena a fin de que ella continúe su camino de progreso. Oraremos también para que se logre una paz verdadera en el Medio Oriente, en que se reconozca la existencia del Estado de Israel.
REFLEXION DE YON KIPPUR
El Año Nuevo del calendario hebreo llega tras la celebración del Yon Kippur, la fiesta más sagrada del judaísmo. En el mismo semanario “La palabra israelita” es posible encontrar un artículo de reflexión religioso escrito no por un rabino, sino por una periodista. Se titula la columa “El camino de la redención” y la autora es Deborah Con. Es interesante citar algunos párrafos tener una aproximación de la espiritualidad de los judíos religiosos, bastante desconocida por el resto de los creyentes.
Cabe señalar que este desconocimiento es atribuible en buena medida al desinterés de los propios fieles del judaísmo, que procuran, aduciendo razones de seguridad, que sus ceremonias litúrgicas se celebren en la mayor discreción, manteniendo alejados a quienes pudieren interesarse en ellas pero que no forman parte de la comunidad hebrea. El editor de este sitio que se caracteriza por su amplitud y ecumenismo quiso hace algún tiempo concurrir un sábado en la mañana la sinagoga de Viña del Mar, para lo cual solicitó el permiso correspondiente y manifestó estar dispuesto a someterse a todas las medidas de seguridad, ya que nada tiene que ver con los extremistas musulmanes que están dispuestos a inmolarse con tal de matar a algunos judíos. La solicitud no mereció ni siquiera una respuesta. La explicación podría residir en el hecho en que este periodista ha sido severamente crítico de la política de sucesivos gobiernos judíos frente al pueblo palestino, pero ello significaría una deplorable confusión entre los planos político y religioso. Precisamente porque Israel se precia de ser una democracia, parece inconcebible que se niegue a un periodista el acceso a un culto judío, por el sólo hecho de discrepar en forma pacífica de la política del Estado hebreo.
En fin, mejor aboquémosnos ahora a la reflexión que nuestra colega judía hacer respecto de la celebración más sagrada del judaísmo.
“Un año más ha transcurrido y en el tiempo cíclico de la religión volvemos a encontrarnos con Rosh Hashaná y Yom Kippur. Enfrentados al examen de conciencia propio de estas festividades, preparándonos desde ya para el espacio de oración, silencio e introspección que caracteriza estos días, intentaremos auscultar nuevamente nuestros corazones para mirarnos con objetiva profundidad, reconociendo cómo afectaron nuestras acciones a aquellos con quienes nos relacionamos y cuánta voluntad tuvimos para aplacar nuestro egoísmo y convertirlo en entrega”.
Adviértase que estas palabras dejan en evidencia el carácter solidario del judaísmo. Nuestra conducta tiene repercusiones sobre quienes nos rodean. De otro lado, hay una especie de reconocimiento de lo que los cristianos llaman “pecado original”, es decir el egoísmo que anida en nuestro corazón y que debemos luchar para convertir en entrega generosa.
“Posiblemente también nos preguntaremos cómo vivimos este período, si acaso desde la rutina inalterable de nuestro ego o si logramos avanzar en desprendimiento, en compromiso con los demás, en voluntad de cambio y en transformación interior”.
Luego, la periodista Deborah Con recuerda que religión significa re-ligar, es decir volver a ligar al hombre y la mujer con Dios. Aquello que estaba originalmente unido fue escindido y el camino de la vida consiste en volver al encuentro y al reconocimiento de lo divino. “Por eso, espiritualidad es lucha y redención, es vencerse a uno mismo para luego conquistarse en una dimensión más amplia. Ese es el misterio de la existencia y el camino que de antemano está inscrito en el alma de todo ser humano”.
Enseguida Deborah señala que no es casualidad que año tras año en la fiesta del Yon Kippur los judíos reflexionen sobre la historia de Yona, nombre que en la Torah se denomina al profeta que fue tragado y a los tres días vomitado por una ballena y que los cristianos conocen como Jonás. En ese episodio, de alto simbolismo, comenta la periodista, nos confrontamos con aspectos tan significativos como el sentido del deber, el encuentro con uno mismo, el descenso al abismo interior, la purificación y la redención, el amor y el desamor.
“Yona bien puede ser cada uno de nosotros, que después de escuchar la voz interior, se siente incapaz de cumplir con la exigencias que ésta implica porque nos saca de nuestra seguridad, de nuestra comodidad, de nuestra inercia, porque nos enfrenta a un desafío mayor. En una decisión facilista y cobarde, el profeta decide desentenderse de la tarea, dormirse en el fondo del barco, es decir opta por la inconsciencia. ¿Pero quién puede escapar a la voz que resuena en nuestro interior? El encrespado mar en que navega el buque que lo trasnporta simboliza las revueltas aguas del psiquismo, las emociones contrapuestas, el conflicto que significa desobedecer la voz de la verdad. Yona ha optado por el camino del individuo que vive por y para sí mismo y se niega a tomar una responsabilidad mayor, que implica hacerse cargo del bien común”.
Luego la periodista señala en este comentario sobre el Yom Kippur: “En esto consiste la festividad máxima del judaísmo: en descender a las profundidades de cada uno, reconocer el abismo interior, iluminarlo y purificarlo. Este es el sentido del ayuno: limpiar el corazón y la mente de los venenos físicos, emocionales y mentales que hemos ido acumulando durante el año. Esta es la meta de Yom Kippur: perdonar y ser perdonados, después del proceso intenso y profundo que es penetrar en la conciencia, reconocer y modificar. Esta es la verdadera salvación: morir al miedo y al egoísmo, para renacer a la gozosa espiritualidad en una dimensión más amplia de cada quien”.
Termina Deborah esta hermosa reflexión que nos acerca a la espiritualidad de los judíos que intentan vivir su fe religiosa, con el siguiente deseo. “Que en este Yom Kippur nos ayude a entrar y salir del vientre del gran pez igual que Yona, fortalecidos espiritualmente y dispuestos para un nuevo año de más amor, entrega y preocupación por el bien común”.