A los 85 años de edad abandona la Iglesia que lo vio nacer a la fe porque sus jerarcas, pese a los signos de los tiempos, se aferran la prohibición de que ellas sirvan como pastoras, diaconisas o capellanas
Redacción de creyentes.cl
Agosto de 2009
EL EX PRESIDENTE estadounidense (1977-81) presidente Jimmy Carter es un político que toda su larga vida, tiene ya 85 años, se ha tomado en serio su fe, así que le debe haber costado horrores tomar la decisión de abandonar la comunidad religiosa, la Convención Bautista del Sur, en la que militó por más de sesenta años. Imposible no mencionar que el inolvidable Martin Luther King, el hombre de Dios que encabezó la lucha no violenta de los negros por sus derechos civiles, perteneció a esa misma Iglesia, en la que sirvió como pastor.
La renuncia de Carter obedece a la decisión de los líderes de esa comunidad cristiana de perseverar en el trato discriminatorio contra las mujeres, sobre la base de una antigua y retorcida interpretación de la palabra divina.
Enseguida, el texto, traducido por nosotros al español, de la renuncia de Jimmy Carter, considerada por algunos como un testimonio de consecuencia con la fe cristiana y, por otros, como una muestra más de patética desorientación.
DECISION DIFICIL Y DOLOROSA
He sido cristiano practicante toda mi vida y diácono y profesor de la Biblia durante muchos años. Mi fe es para mí fuente de fuerza y consuelo, de la misma manera que las creencias religiosas lo son para cientos de millones de personas en todo el mundo. Por esta razón, mi decisión de romper con la Convención Bautista del Sur después de seis décadas ha sido difícil y dolorosa.
Sin embargo, se trata de una decisión totalmente ineludible desde el momento que los líderes de la Convención, citando determinados versículos de la Biblia escogidos a propósito en los que se afirma que Eva fue creada en segundo lugar con respecto a Adán y que le cabía responsabilidad en la comisión del pecado original, ordenando que las mujeres permaneciesen supeditadas a sus maridos y prohibiéndoles ejercer de diaconisas, pastores o capellanes en el ejército.
Esta visión de que, de alguna manera, las mujeres son inferiores a los hombres no es privativa de una determinada religión o creencia. Son muchas las religiones en las que a las mujeres se les impide asumir una responsabilidad completa e igual a la de los varones. Tampoco, por desgracia, esta actitud queda restringida a las paredes de las iglesias, mezquitas, sinagogas o templos. Esta discriminación, injustificadamente atribuida a una Autoridad Superior, ha servido de excusa para privar durante siglos a las mujeres de la igualdad de derechos a lo largo y ancho del mundo.
DIOS NO PUEDE QUERER EL MATRATO A SUS HIJAS
En su manifestación más repugnante, la creencia de que las mujeres deben estar subordinadas por completo a la voluntad de los varones ha servido de justificación para la esclavitud, la violencia, la prostitución forzada, la mutilación genital y las leyes que despenalizan la violación, es decir no la consideran un delito. Pero también es la razón para que a millones de niñas y mujeres se les niegue el control sobre sus propios cuerpos y sus propias vidas y se les continúe bloqueando el acceso a la educación, la salud, el empleo y los puestos de influencia en sus respectivas comunidades.
Estas creencias religiosas repercuten sobre los más diversos aspectos de nuestras vidas. Explican por qué en numerosos países los niños reciben educación antes que las niñas; por qué a las niñas se les impone cuándo y con quién contraer matrimonio; y por qué muchas de ellas quedan expuestas a desmesurados e inaceptables riesgos en el embarazo y el parto, dado que sus necesidades básicas de salud no están cubiertas.
En algunos países islámicos se restringen los movimientos de las mujeres, se les castiga por exponer accidentalmente un brazo o el tobillo, se les priva de una educación, se les prohíbe conducir un coche o competir con un varón por un puesto de trabajo. Si una mujer es violada, con frecuencia es severamente castigada por considerársela culpable del delito del que ella ha sido vìctima.
Las mismas ideas discriminatorias subyacen debajo la constante diferencia de género en materia salarial y explica por qué son tan pocas las mujeres que ocupan puestos ejecutivos en las naciones del mundo occidental. Las raíces de estos prejuicios se hunden profundamente en nuestras historias, pero su impacto lo seguimos sufriendo cada día. No sólo lo sufren las mujeres y las niñas. Nos daña a todos. La información disponible comprueba que la decisión de invertir en las mujeres y en las niñas beneficia enormemente a la sociedad en su conjunto. Una mujer con estudios tiene hijos más sanos, y tiene más probabilidades de brindarles una educación. Gana más e invierte lo que gana en su familia.
Es a todas luces contraproducente para cualquier comunidad ejercer la discriminación en perjuicio de un sector que representa al menos la mitad de su población. Es imprescindible que cuestionemos y revisemos estas actitudes y prácticas interesadas y anticuadas (…).
Sin embargo, entiendo por qué muchos líderes políticos pueden ser reacios a meterse en este campo minado. La religión, y la tradición, son áreas poderosas y muy sensibles a ser cuestionadas y desafiadas.
(Enseguida Carter se refiere al Consejo, que es un grupo denominado Los Ancianos (The Elders) formado por Jefes de Estado en retiro que se han dedicado a trabajar y a denunciar problemas sociales de alcance planetario. Este grupo fue fundado por Nelson Mandela y entre sus miembros figuran el arzobispo anglicano Desmond Tutu y al ex-secretario general de las Naciones Unidas Koffi Anan. Según Carter con la edad los termores se desvanecen y los seres humanos se liberan del miedo a ser aceptados y al que dirán. “En los años dorados las personas son más honestas pues dicen lo que verdaderamente piensan”).
Mis compañeros del Consejo y yo hemos decidido prestar una atención especial a la responsabilidad de los líderes religiosos y tradicionales para asegurar la igualdad y los derechos humanos, y recientemente hemos publicado la siguiente declaración: “Es inaceptable la justificación de la discriminación contra las mujeres y las niñas basada en la religión o en la tradición, como si hubiera sido ordenada por una Autoridad Superior”.
Hacemos un llamamiento a todos los líderes para cuestionar, desafiar y cambiar las nocivas enseñanzas y prácticas en las que se funda la discriminación contra las mujeres, por muy arraigadas que estuvieren. Solicitamos, en particular, que los líderes de todas las religiones tengan el coraje de reconocer y resaltar los mensajes positivos de dignidad e igualdad que todas las religiones principales del mundo comparten.
Los versículos de las Sagradas Escrituras cuidadosamente elegidos para justificar la superioridad de los varones son fruto de la mentalidad de la época y el lugar en que fueron escritos, así como de la determinación de los líderes hombres de mantener sus posiciones de influencia, antes que verdades eternas. Textos semejantes se pueden encontrar también si se quiere justificar la esclavitud y la obsecuencia ante gobernantes opresivos.
En las Sagradas Escrituras se encuentran asimismo lúcidas descripciones en las que las mujeres aparecen como eminentes y veneradas líderes. Durante los primeros años de la iglesia cristiana las mujeres fueron diaconisas, sacerdotes, prelados, apóstoles, profesoras y profetas. No fue hasta el siglo IV cuando los líderes cristianos dominantes, todos ellos varones, distorsionaron y dieron la vuelta a las Sagradas Escrituras para perpetuar sus posiciones de influencia dentro de la jerarquía religiosa.
Lo cierto es que los líderes religiosos hombres han tenido, y todavía siguen teniendo, la opción de interpretar las enseñanzas sagradas sea para exaltar a las mujeres o para mantenerlas subordinadas al varón. Por sus propios intereses egoístas, han elegido mayoritariamente hacer lo segundo.
La persistencia en esta actitud proporciona las bases y la justificación para la persecución y abuso en contra de las mujeres que invade todas las sociedades en todo el mundo. Ello viola claramente no sólo la Declaración Universal de Derechos Humanos, sino también las enseñanzas de Jesucristo, del apóstol Pablo, Moisés y los profetas, Mahoma y los fundadores de otras grandes religiones, quienes han clamado por el trato justo y equitativo de todos los hijos e hijas de Dios.
Ya va siendo hora de que tengamos el valor de cuestionar y desafiar estos puntos de vista.
Me parece que si se lee con más cuidado la palabras vertidas por el Sr. Carter, se verá que no existe en él intención alguna a bandonar su fe. Sólo está abandonando a una agrupación religiosa específica (los bautistas del Sur)..que no es lo mismo,ni remotamente hablando que la fe.
Por el contrario, es precisamente su fe la que le da la lucidéz y el valor para tomar la decisión que está tomando. Ojo con los títulares sensacionalistas!!!
No creo que esté abandonando su fe en Jesucristo, sino que la está defendiendo al no estar de acuerdo con semejante violacion a los derechos de las mujeres a servirle al señor Jesus en cualquier ministerio al que Dios las llame.