Editado por creyentes.cl
Viña del Mar, junio de 2009
SI NUESTRA IGLESIA excluye a los pequeños y los débiles, no puedo ya reconocerla como portadora del mensaje de Jesucristo. Después de los distintos errores respecto de los judíos, de los musulmanes, de los que intentan vivir las enseñanzas del Concilio Vaticano Segundo, me parece que el escándalo suscitado en Brasil por la excomunión de la niña de nueve años que abortó a los gemelos que esperaba, es la gota que rebalsa el vaso. Yo puedo aceptar que el Papa esté a menudo mal informado o mal aconsejado o que se equivoque, pero esto es ya demasiado. Me siento mal en la Iglesia, no puedo aceptar una posición así y estoy segura que son muchos los que experimentan la misma situación. ¿Cómo hacer escuchar nuestra voz? ¿Qué hacer?
Preguntas acuciantes que se formulaba a propósito de la escandalosa excomunión que se pretendió aplicar a la pobre muchachita violada por su padrastro y a la madre de ésta, una lectora de la revista católica francesa “La Vie”. Preguntas que se vienen formulando desde hace años, décadas más bien, miles de católicos, incluso sacerdotes, a través de todo el mundo.
En la misma publicación, la doctora Claudine Onfray señalaba: “Como cristiana comprometida en mi diócesis, como ginecóloga, como madre, me siento herida por las decisiones y declaraciones de los responsables de la Iglesia, justo después del escándalo de la reintegración de los que niegan el holocausto judío al levantarse la excomunión sobre obispos de la corriente ultraconservadora de monseñor Marel Lefebvre. ¿Qué hay que hacer para que se detengan estas decisiones inadmisibles por parte de Roma? ¿Debemos inundar la Nunciatura (la embajada del Vaticano en París) con cartas de protesta? No podemos continuar dando una imagen tan desastrosa de la Iglesia, cuerpo de Cristo, o bien otros -y no nosotros- asumirán la enseñanza de Jesucristo ante el mundo.
PENOSO RECUENTO
Pero partamos por el comienzo en la historia del escándalo respecto de la niña brasileña violada. A comienzos de 2009 ella tenía nueve años, vivía en una barriada pobre de Recife, en el nordeste de Brasil. Víctima, desde que tenía seis años, de sistemático abuso sexual por parte de su padrastro, la niña terminó embarazada, de gemelos para agravar el drama, induciéndosele en febrero un aborto en una clínica, de acuerdo a lo que permite la ley brasileña en caso de violación o de peligro para la salud de la potencial madre. El padrastro, que reconoció haber, igualmente, vejado a la hermana mayor, que es lisiada, fue a parar a la cárcel.
Una historia desoladora, que a grandes rasgos se da con frecuencia principalmente en áreas donde prevalece el hacinamiento o condiciones habitacionales indignas, que habría podido detenerse allí si el arzobispo de Recife no hubiera intentado impedir el aborto advirtiendo que la madre de la hija y el equipo médico completo serían excomulgados por su participación en esta operación. “La ley de Dios está por encima de la ley de los hombres”, argumentó Dom José Cardoso.
El padrastro no se vio afectado por la medida extrema del pastor brasileño. “Sin duda, lo que él ha hecho es horrible, pero lo más grave es la eliminación de una vida inocente”, comentó Cardoso. Designado por Juan Pablo II en 1985 para suceder al recordado obispo de los pobres, Helder Cámara, considerado por muchos sectores de Derecha un clérigo marxista, Cardoso se ha hecho famoso por su conservadurismo y su intransigencia. “En 25 años se ha dedicado a destruir la herencia de su antecesor ante los campesinos sin tierra, llegando incluso a expulsar a los sacerdotes comprometidos con los más pobres”, declara el padre Philippe Kloezner, secretario nacional del polo América Latina en la Conferencia Episcopal de Francia.
En el escándalo de la niñita, Dom Cardoso recibió inicialmente el apoyo del Vaticano a través del cardenal Giovanni Battista Re, prefecto de la Congregación de los Obispos, el mismo que había decidido pocas semanas antes levantar la excomunión que pesaba sobre los seguidores del ultraconservador monseñor Marcel Lefevre. “La Iglesia ha defendido siempre la vida y debe continuar haciéndolo sin ceder a las modas de la época o al oportunismo político”, declaró Re.
Cabe señalar que el Derecho Canónico de la Iglesia Católica sanciona el aborto con una excomunión automática, es decir no hay necesidad de que ella sea declarada por algún miembro de la jerarquía. El arzobispo Cardoso se involucró pues en forma deliberada en lo que terminó siendo un escándalo no sólo en Brasil, sino a escala planetaria.
”Me siento mal en la Iglesia cuando escucho declaraciones de ese tenor que están lejos del Evangelio y se asemejan al legalismo de los fariseos” señalaba otro fiel católico en las páginas de la publicación mencionada al comienzo de esta crónica. “¿Es que el Evangelio pesa menos que el catecismo de la Iglesia Católica?” Enseguida vamos a presentar otras reacciones escandalizadas, pero no de simples fieles, sino de obispos católicos a propósito de la declaración tomada por el arzobispo Cardoso Sobrinho, las que dan cuenta de profundas discrepancias al interior de esa Iglesia respecto de la forma de encarar no sólo situaciones tan dramáticas, sino la forma de presentar y vivir el Evangelio.
JESUS NO VINO PARA CONDENAR, SINO PARA SALVAR
¿Quiénes somos nosotros para condenar sin juicio y sin matices? Interrogante planteada por Jean-Michelle Di Falco Leandri, obispo de Gap y Embrun, en Francia. “No he querido reaccionar bajo la influencia de la emoción y de la cólera, pero deseo compartir mis reflexiones con los fieles y los hombres y mujeres de buena voluntad de mi diócesis”.
Numerosas son las interrogantes que nos asaltan. ¿Por qué privilegiar la letra de la ley en lugar del espíritu del Evangelio? ¿Dónde está el mensaje de amor de Jesucristo? ¿Qué habría hecho El en un caso parecido: habría condenado? ¿Quiénes somos nosotros para condenar sin juicios y sin matices? ¿Por qué esta publicidad, por qué esta ausencia de compasión, de moderación, de reflexión? ¿Por qué era tan urgente recordar la norma de la excomunión?
Es probable, señaló el obispo francés tras consultar a un experto en derecho canónico, que en este doloroso caso no correspondiera la sanción automática de la excomunión aplicada por el arzobispo de Recife. Cabe preguntarse si éste ponderó suficientemente en cuenta las circunstancias que atenuaban la gravedad del acto y que dispensaban entonces la aplicación de esa pena tan drástica. El celo que el purpurado mostró respecto de una niña de nueve años obedece a la decisión de reafirmar el principio de que toda vida es sagrada, pero al ignorar las circunstancias y al apresurarse a castigar asumió el riesgo de dar una lección en un contexto de lógica represiva que repugna el derecho legal de la Iglesia, el cual está decididamente orientado a promover la reconciliación de las personas acusadas.
El Concilio de Trento recordaba hace ya varios siglos que los obispos no deben comportarse como verdugos, sino como pastores; es decir como padres cariñosos con un corazón lleno de compasión especialmente respecto de quienes afrontan pruebas muy duras. La ética deplora la publicidad de dramas personales en razón de la explotación mercantil y generadora de escándalo. En este caso tan doloroso, el amor, la escucha y el diálogo personalizados y la discreción respetuosa resultan imperativos. Jesús nos dice que Cristo ha venido no para condenar al mundo, sino para salvarlo; y San Juan, al exhortar a los fieles a no hacer el mal les recuerda también que si lo cometen, Cristo ha dado su vida para abrir el camino del amor, del perdón, de la misericordia y de la reconciliación.
ANTES QUE NADA, PORTADORES DE ESPERANZA
En la carta abierta que monseñor Gérard Daucourt, obispo de la ciudad de Nantes, hizo llegar al arzobispo de Olinda y Recife, José Cardoso Sobrinho, lo dejé en claro de partida que “el aborto es la supresión de una vida, por lo que me opongo firmemente a esa práctica”. Sin embargo, apunta que la madre de la niña debe haberpensado quizás que era preferible salvar una vida que poner en peligro tres. Quizás los médicos le habían dicho que un útero pequeño de nueve años no se dilata indefinidamente, no lo sé. “Lo que yo sé es que en esta tragedia usted ha agregado dolor al dolor, usted ha provocado sufrimiento y escándalo en muchas personas a través del mundo”.
Reproducimos los párrafos siguientes de la dura carta del obispo Daucourt:
“En una situación tan dramática, yo creo firmemente que nosotros los obispos, pastores de la Iglesia tenemos primero que manifestar la bondad de Jesucristo, el único y verdadero Buen Pastor. Estoy seguro que él ama a esta madre y busca a hombres y mujeres para ayudarla a seguir el camino de la vida, asistiéndola espiritual y si es necesario materialmente. Estoy seguro que Jesús pide entregar amor a esa niñita marcada para siempre y a su hermanita mayor minusválida, también violada por su padrastro. Estoy convencido de que Él pide al capellán de la prisión acercarse al padrastro violador para que se arrepienta, se convierta y se transforme un día en un verdadero hombre. Estoy convencido de que Jesucristo espera también que usted, señor arzobispo de Recife, hable con los médicos que han practicado este aborto, porque lo mismo que los 40 ginecólogos y obstetras que yo he encontrado hace algunos meses y con los cuales no necesariamente he compartido todas sus posiciones, estoy seguro de que aprecian ser escuchados con respeto en los problemas de conciencia a que se ven a menudo enfrentados”.
”Monseñor, ayudémonos los unos a los otros para ser antes que nada hombres de esperanza en Dios y en todo ser humano. Yo estoy en relación de amistad y de colaboración con muchos evangélicos que, como usted y yo, se oponen firmemente al aborto, pero que se abstienen de formular condenaciones públicas. Tal vez sea esa una de las razones por las cuales las comunidades evangélicas atraen a tantos católicos hoy en día en particular en Brasil”.
”Yo compruebo que la opinión pública no comprende en absoluto el significado de esta medida de excomunión. La perciben como una condenación de las personas, y no como un instrumento al servicio de su conversión y de sanación. Estimo, pues, que debemos buscar otras formas para decir a nuestras comunidades que el comportamiento o las palabras de éste u otro católico están en desacuerdo con lo que la Iglesia entiende y cree que es la voluntad de Dios”.
”No le oculto que yo me pregunto también cómo se puede decir que la violación es menos grave que el aborto, que suprime la vida en el seno de la madre. Muchas mujeres violadas han confiado en mí, me han abierto su corazón; algunas han podido recuperarse y seguir por la vida con el recuerdo de sus heridas, el cual no desaparece nunca completamente; otras, aunque físicamente vivas, han quedado muertas en lo más profundo de su ser y no llegan nunca a recuperarse. La vida no es sólo física, usted lo sabe bien”.
MISERICORDIA ANTES QUE CONDENA
“Hubiera preferido palabras de misericordia”, escribió Mark Stenger, obispo de Troyes. “Esta niña ha sido gravemente destruida por aquel de la violó; si es preciso condenar a alguien es al violador. Desde el punto de vista del más riguroso Derecho Canónico, lo que ha dicho el arzobispo de Recife es justo, ya que los católicos creemos que la vida es sagrada, un regalo de Dios. Pero hay circunstancias en las cuales las personas son víctimas y habría preferido escuchar palabras de misericordia antes que de condenación. Estas declaraciones son todavía más entristecedoras en el contexto que conocemos. Ahora que se habla tanto del levantamiento de la excomunión de cuatro obispos ultraconservadores, es doloroso escuchar esta condenación en contra de una niña de nueve años”.
Por su lado, Francis de Neau, obispo de Nièvre, escribió que “delante de un drama tan terrible, se podría haber dicho otra cosa”. En tanto obispo, manifiesta solidario de todos sus colegas del mundo, pero deja constancia de que a su juicio la solidaridad exige exponer los desacuerdos, ya que en caso contrario se convertiría en complicidad. “Debo decir a mi hermano, el obispo de Recife y al cardenal que lo ha apoyado en el Vaticano, que no comprendo sus intervenciones”. Ante un drama de esta envergadura, era otra cosa lo que había que decir y sobre todo otras las preguntas que plantearse,
Jesús habría dicho que la moral ha sido hecha para el hombre.. y no el hombre para la moral, agregó el obispo de Nièvre. Jesús denunció la hipocresía de quienes echan sobre los hombros de los demás cargas demasiado pesadas. “Yo creo que la Iglesia Católica asume su responsabilidad social al insistir a tiempo y a destiempo respecto del valor de la vida humana desde la concepción hasta la muerte natural. No debemos nunca olvidar nuestra responsabilidad callando a este respecto, pues se relaciona con la defensa de los más pequeños y más débiles. Pero después de las declaraciones, después de las tomas de posiciones del punto de vista teórico, lo que corresponde es acompañar a cada persona”.
LA IGLESIA NO PUEDE AGRAVAR EL SUFRIMIENTO
El obispo de la Misión de Francia, Monseñor Yves Paternottre, adhirió a la protesta de numerosos colegas suyos contra la decisión del arzobispo de Recife en Brasil. Tuvo cuidado, claro, de dejar sentado que a su juicio el aborto constituye un acto de muerte que queda grabado en la carne de quienes lo han vivido. Heridas que quizás nunca se cicatrizarán. Sin embargo, ¿cómo puede, ante un drama tan horroroso, mostrarse la Iglesia más dispuesta a condenar y a juzgar que a mostrar compasión y reorientar hacia la vida? ¿Cómo olvidar que la práctica pastoral tradicional de la Iglesia Católica consiste en escuchar a las personas en apuros, en acompañarlas y en materia moral tener siempre en cuenta en mal menor, en particular en situaciones extremas?
Cuando se invoca la Ley de Dios, ¿cómo olvidar la ternura de Jesús?: “Sean misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso”. Esta decisión abrupta de excomulgar es inaceptable; ella no toma en cuenta el drama vivido ni el peligro físico y moral a que ha estado expuesta esta niña. Lo decimos con todas nuestras fuerzas: en este mundo herido, nos hace falta promover actitudes de esperanza antes que encerrarnos en condenas que traicionan los caminos de compasión que nos enseña el amor misericordioso del Señor”.
EL SILENCIO DE LOS OBISPOS CHILENOS
Lamentablemente, de parte de los obispos chilenos no hubo ninguna reacción frente a este caso.
Se diría que la globalización no ha llegado a Chile; pero en verdad la Iglesia Católica en nuestro país puede darse el lujo de ignorar problemas y desafíos que se dan incluso en el propio continente y que han conmovido intensamente al mundo occidental.