Prejuicios de los que se sienten víctimas los musulmanes

Prejuicios de los que se sienten víctimas los musulmanes

Acusan al Islam de ser una religión fanática, amante de la violencia, que condena a la mujer a la servidumbre… y ellos se declaran incrédulos de que se haya distorsionado de tal manera lo que ellos creen y tratan de vivir

Editado por creyentes.cl
Gran Valparaíso, 2009

 

SI ALGUIEN ES acusado de antisemita o anti-judío, puede asegurarse que lo pasará mal, por no decir que sufrirá en este mundo las penas del infierno. Convengamos en cambio que tanto en Francia como en Chile, por mencionar un par de ejemplos de sociedades bastante distintas, sale barato e incluso gratis albergar prejuicios contra los musulmanes, los cuales dan origen a expresiones y actitudes vejatorias contra los creyentes en el Islam.

La raíz de nuestras actitudes y palabras ofensivas está en las ideas, imágenes o prejuicios que anidemos en nuestro interior. Por eso es importante tener siquiera conciencia de cuáles son los prejuicios de que sienten víctimas los musulmanes, de parte de los ciudadanos del mundo occidental, muchos de los cuales son cristianos.

Muy interesante a este respecto es el material que ofrece el portal el Islam en línea. Compartamos o no las explicaciones y críticas o los argumentos y juicios históricos de los musulmanes, tendremos que convenir que lo menos que merecen por parte de los creyentes en general es ser escuchados con atención, más que eso, con el intelecto y el corazón abiertos .

LA GUERRA Y LA VIOLENCIA
A juicio de los musulmanes, uno de los prejuicios más frecuentes de los que son víctimas, sobre todo a partir de los horrendos atentados que sacudieron a EEUU el 11 de septiembre de 2001, es que el Islam es una religión guerrera y violenta, cuya expansión se explica históricamente por el recurso sin asco a la fuerza.

Alegan ellos que esta postura se ve alimentada por la propaganda de mala leche que impulsan los grandes medios periodísticos occidentales, los cuales darían un tratamiento antojadizo a los conflictos políticos y guerras que surgen en países de mayoría islámica. Se quejan asimismo de toda la educación e información que sobre el Islam se transmite en Occidente, empezando por los textos de historia de los colegios de enseñanza media.

Sostienen los musulmanes que el Islam compromete totalmente al individuo y a la sociedad por la Causa de Dios, que es la causa de la Justicia entre los hombres. Una de las obligaciones del musulmán es ‘ordenar el bien y excluir el mal’, y esto constituye un acto obligatorio de la fe islámica. El musulmán sabe que la verdadera piedad reside en una conducta comprometida con sus hermanos en la fe y sus congéneres, y en esto se guía por el dicho del Profeta Muhammad. “Ninguno de vosotros alcanzará la fe (verdadera) hasta que ame para su hermano lo que ama para sí mismo”. Ni que hubiera leído al Apóstol Santiago, discípulo directo de Jesús, que escribió: “El que dice amar a Dios, pero no ama a su hermano es un mentiroso”.

Advertencia a los que no son musulmanes: lo habitual es que después de cada referencia a Mahoma, los musulmanes introduzcan, a manera de reverencia, la frase “la paz y las bendiciones de Dios sean con él”:

Los musulmanes contraargumentan que en el espíritu de la religión islámica no se percibe esa dualidad, que consideran algo o muy hipócrita, entre el poder temporal y la esfera religiosa, lo cual constituye un problema insoluble para las democracias modernas, que se declaran laicas y establecen una separación tajante entre los asuntos del César y los de Dios, que interesan sólo a los creyentes. El Islam, en cambio, es una unidad y ningún asunto humano le es ajeno. En el Islam, la religión, la política, la economía o el gobierno de un estado no están separados, sino integrados en una misma unidad de acción y concepción.

El Islam prescribe entonces la lucha, principalmente en legítima defensa ante la agresión externa que sufra el pueblo islámico. La legítima defensa (de su territorio, de sus bienes y recursos naturales, de su modo de vida, de su libertad y creencias) constituye un derecho inalienable de toda comunidad así como de todo individuo. Tal lucha, en defensa de valores sagrados como la libertad, la fe y los bienes legítimos, es para el Islam una lucha sagrada, es el Yihád o combate por la Causa de Dios.

Como fundamento de esa postura, baste mencionar uno de los versículos del Corán, que a muchos cristianos ilustrados les harán evocar páginas del Antiguo Testamento:

“Combatid por la Causa de Dios a quienes os combatan. Pero no os excedáis o provoquéis, porque Dios no Ama a los agresores”. (Corán 2:190) … “¿Qué os impide combatir por la Causa de Dios y la de los indefensos oprimidos: hombres, mujeres y niños que claman: ‘¡Señor nuestro! ¿Sácanos de esta ciudad de gente opresora, y concédenos de Tu parte un protector, y danos de Tu parte un socorredor! “. (Corán 4:75)

Los historiadores de esta religión enseñan que desde sus mismos inicios el Islam se expandió por la persuasión y el valor del ejemplo, ejemplo de justicia y comprensión. Bizancio y Persia tuvieron la mala ocurrencia de atacar al Islam y acabaron conquistados por los musulmanes. “¿Acaso si los musulmanes hubieran sido injustos hubiera perdurado la fe islámica en esas regiones (el Cercano Oriente) hasta hoy día, o en otras, como China, África, o el Sudeste Asiático?”

Inevitable es la comparación con las sucesivas cruzadas que organizaron los cristianos desde Europa en plena Edad Media. Ni siquiera el más exaltado defensor del cristianismo podría negar que esas expediciones estuvieron más animadas por el odio que por el amor, y más por la codicia que por la fe. Fácil es colegir el juicio que tienen al respecto los musulmanes, que encuentran en esos y otros episodios protagonizados por cristianos o la cristiandad motivos de escándalo y argumentos del tipo “con qué cara se atreven a criticarnos si ustedes traficaron con cientos de miles de esclavos negros y arrasaron con los pueblos aborígenes en América”.

Precisan que el Islam sostiene que la violencia es de dos tipos: aquella que es agresión, injusticia y opresión, y la que con justicia se opone a ellas. Las sociedades humanas, y la humanidad en su conjunto son como un cuerpo vivo sujeto a las condiciones dinámicas del desarrollo, la enfermedad, etc. Cuando un organismo extraño penetra en el cuerpo humano, éste se defiende apelando a su sistema inmunológico, ataca al intruso y da cuenta de su presencia con fiebre y otros síntomas. ¿A alguien se le ocurre pensar que esta violencia del cuerpo contra otros seres vivos que pueden alterar su equilibrio y llevarlo a la muerte, es injusta?. Desde luego que no.
De manera análoga las sociedades deben defenderse de aquello que las socava y pretende destruirlas, llámese corrupción o injusticia, violencia, iniquidad, mentira o engaño.

Reivindican el significado mismo de la palabra Islam, que significa nada menos que PAZ. Igual como los cristianos, desde los tiempos de Santo Tomás de Aquino, en plena Edad Media, acuñaron el concepto de “la guerra justa” y definieron sus características, los islamistas tienen su cdigo, muy semejante, al respecto. Debe existir el antecedente de una agresión o una amenaza cierta de ella que ponga en peligro a la comunidad islámica. Jamás los musulmanes fueron agresores, y las ocasionales injusticias de algunos hipócritas y desviados no permiten generalizarlo al conjunto. La orden de Revelación es preferir siempre la paz. “Y si se inclinan hacia la paz, ¡Inclínate tú también a ella!, y confía en Dios”. (Corán 8:61). “Si se apartaron de vosotros y (ya) no os combaten, y os ofrecen la paz, entonces Dios no os faculta para subyugarlos ” (Corán 4:90)

Incluso reclaman ellos haber hecho un gran aporte a la humanización de la guerra, si es posible introducir algo de decencia en un acontecimiento tan espantoso. Enseñan que siglos antes de la Convención de Ginebra, que estableció algunas normas para evitar brutalidades inimaginables, el Profeta ordenó el trato humanitario de los prisioneros, el respeto de las propiedades privadas del campo enemigo, la no agresión a personas no involucradas en el combate, el respeto de los acuerdos, etc. Con toda razón los musulmanes comentan que estos principios han sido sistemáticamente violados por países occidentales que se jactan ser democráticos y civilizados, aparte de signatarios de la Convención de Ginebra, cuyas normas debieran respetar. Basta pensar en las tropelías que cometió EEUU en Vietnam y los excesos perpetrados por sus tropas en Irak.

LA SITUACIÓN DE LA MUJER
Otro prejuicio que mucho duele a los musulmanes es el concerniente al supuesto mal trato que infligen a las mujeres en general. Es una percepción que ellos rechazan de plano y hasta con idignación pues, aducen, el Islam enalteció desde un principio a la mujer y la equiparó al hombre, al punto que en el Sagrado Corán recibe un trato igualitario con su pareja. Destacan orgullosos que es en la práctica el único libro sagrado que se dirige a la mujer como tal y la trata en pie de igualdad con el hombre. “La mujer es valorada en la sociedad islámica por su inteligencia y virtud”.

Agregan que sus mismos orígenes el Islam otorgó a la mujer derechos y privilegios que la mujer occidental, en la mayoría de los países, sólo obtuvo en décadas recientes, como el libre manejo de sus bienes, la capacidad de testar, el derecho al divorcio, la separación de gananciales, el derecho a recibir un salario por tareas realizadas en su propio hogar, etc.., La mujer es, para el Islam, un tesoro incalculable, un bien fundamental sobre el que se cimenta la familia, núcleo de la sociedad. El Profeta destacó enormemente el valor de la mujer como compañera del hombre, esposa y madre. Colocó a la madre en una jerarquía tres veces superior a la del padre, y dijo: ‘El Paraíso yace a los pies de las madres’, y prometió la misma recompensa para quien críe, sustente y eduque en el bien y la fe a una hija mujer.

¿Cómo se explica entonces la percepción de que la mujer es poco más que una esclava en la sociedad islámica? Ellos atribuyen este prejuicio a oscuras motivaciones políticas del imperialismo y a una maquinaria publicitaria que ha convertido a la mujer en un objeto sexual, que sirve tanto para vender jabones como automóviles y mover la gigantesca industria de la pornografía, que mueve miles de millones de dólares. Para los mentores de este sistema, resulta inconcebible que la mujer musulmana conserve su poder, cubra su cuerpo y lo exhiba sólo ante su esposo.

El contraataque de los musulmanes es implacable. “Lo que en otra época, en una sociedad más sana, se hubiera valorado como un signo de virtud y nobleza, hoy, invirtiendo los valores, se denuncia como degradación y humillación. No olvidemos que la mujer musulmana hoy, como hace catorce siglos, se viste igual que lo hacía María, la madre de Jesús, a quien cualquier mujer occidental cristiana dice venerar, pero no imita”.

Los musulmanes tienen, como contrapartida, una idea bastante crítica de la mujer en el mundo occidental. “Es un pobre ser esclavo de la moda y de un estereotipo femenino artificial. La mujer vale solamente por su cuerpo y su apariencia, poco importa su inteligencia. Y para cumplir con el ‘modelo’ que la sociedad le impone muchas mujeres llevan la peor de las vidas, detrás de dietas y trabajando sólo para satisfacer sus necesidades de vestuario.

Consideran que el resultado de la pretendida liberación femenina es simplemente deplorable. Más que liberar a la mujer terminó convirtiéndola en esclava de toda una forma de consumo. El gran logro del sistema capitalista y consumista que agobia a Occidente es precisamente el haber incorporado de lleno a la mujer al ámbito del consumo y la producción. Medítese sino unos breves instantes en todos los productos de esta sociedad que tienen como destinatario a un prototipo de mujer artificial, creado de la nada en las últimas décadas, y que sólo ha alineado a la mujer de su esencia y sus verdaderos valores, convirtiéndola (igual que al hombre), en un ser infeliz insatisfecho y desequilibrado.

Reiteran que el Islam considera a la mujer como compañera plena e igual del hombre en la procreación de la humanidad. Él es el padre, ella la madre, y los dos son esenciales para la vida. Su papel no es menos vital que el de aquél. Por esta razón su participación es la misma en todos los aspectos; ella tiene derecho a los mismos derechos, asume las mismas responsabilidades y hay en ella tantas cualidades y humanidad como en las de su pareja.

Ella es, entonces, igual al hombre, al asumir responsabilidades comunes y al recibir premios por sus obras. Está reconocida como personalidad independiente, poseedora de cualidades humanas y digna de aspiraciones espirituales. Su naturaleza humana no es inferior, ni distinta a la del hombre. Ambos son miembros uno del otro. Cita del Sagrado Corán: “Su Señor les advirtió, diciendo: “Jamás desmereceré la obra de cualquiera de vosotros, sea hombre o mujer; porque descendéis unos de otros”. El mismo texto reprocha, una y otra vez, a quienes acostumbraban a creer que la mujer era inferior al hombre (16:57-59-62; 42:47-50; 43:15-19; 53:21-23).

Para el Islam, ella está en el mismo plano que el varón en lo tocante a la búsqueda de educación y sabiduría. Cuando el Islam ordena buscar la sabiduría a los musulmanes, no establece distinción entre hombre y mujer. Hace casi catorce siglos, Muhammad declaró que la búsqueda de sabiduría incumbe a cada musulmán, hombre y mujer. Esta declaración fue muy clara, y puesta en práctica por los musulmanes a través de la historia. Tiene ella, la mujer, derecho a la libertad de expresión lo mismo que el hombre. Sus opiniones sensatas se toman en consideración, y no pueden descartarse sólo porque proceden del sexo femenino. Se refiere en el Sagrado Corán, y en la historia, que la mujer no sólo expresó su opinión libremente, sino que argumentó y participó en serias discusiones con el Profeta y con otros jefes musulmanes (Sagrado Corán 58:1-4; 60:10-12).

Recurren los islamistas a testimonios históricos que dan cuenta de la participación de las mujeres en la vida pública de las primeras comunidades musulmanas, especialmente en momentos de emergencia. Las mujeres solían acompañar a los ejércitos que entraban en batallas y se dedicaban a atender a los heridos, preparar suministros, etc. No quedaban encerradas detrás de las barras de hierro, ni se las consideraban criaturas inútiles, carentes de alma. Además hubo ocasiones en las que las mujeres musulmanas expresaban sus opiniones sobre materias legislativas de interés público y se oponían a los califas, quienes aceptaban los razonables argumentos de estas mujeres.

El Islam concede a la mujer derechos iguales para contratar, crear empresas, ganar y poseer independientemente. Su vida, su propiedad, su honor son tan sagrados como los del hombre. Si comete alguna ofensa, su castigo no es mayor o menor que el de un hombre, en caso semejante. Si sufre daño o perjuicio, recibe las compensaciones debidas igual que el hombre, en su situación ( Sagrado Corán 2:178; 4:45-92-93).

Intolerancia y fanatismo
También les duele hasta el alma a los musulmanes la acusación de intolerantes y fanáticos que les prodigan generosamente los occidentales. Ellos atribuyen este prejuicio,en buena medida, a que el mundo moderno se ha olvidado de Dios y cree que puede prescindir de El.

No les resulta extraño, entonces, que los occidentales califiquen de ‘fanatismo’ y ‘locura’ toda entrega sincera por la fe, todo sacrificio en aras de la verdad. Un ser preocupado sólo por sí mismo, por sus intereses inmediatos y materialistas, no puede comprender que otro hombre se sacrifique por un ideal de justicia, o que luche para liberar a sus hermanos de la opresión, o que someta a sus pasiones y no se entregue a las bajezas que degradan su condición humana.

Contraatacan con severidad: “No existió ni existe cultura más justa y tolerante que el Islam. Prueba de ello es que aceptó en su seno y protegió a los devotos de otras religiones, que prosperaron siempre bajo su gobierno”. Traen a colación que los judíos han desarrollado vidas plácidas y hasta prósperas incluso hasta hoy en sociedades de mayoría musulmana (Marruecos, Turquía, Siria e Irán): Menciona también, con orgullo, el período de la España musulmana, Al-Andalus, en que tuvieron un florecimiento notable de su filosofía y estudios religiosos.

Agregan que la cultura occidental es altamente discriminadora y da origen a frecuentes brotes de racismo. ‘Negros, ‘judíos’,'moros’, ‘extranjeros’, ‘hispanos’, etc. son objeto de la discriminación. Es una cultura egoísta en donde la tendencia es a separar y dividir, no hay hermandad ni una concepción universal del hombre. Podríamos agregar nosotros que Hitler no surgió en un país de cultura musulmana… sino cristiana.

En el Islam, en cambio, alegan sus fieles, conviven todas las razas en pie de igualdad. Dijo el Profeta Muhammad (la paz y las bendiciones de Dios sean con él): “Los musulmanes son hermanos entre sí”; y sentenció también: “Todos los hombres son iguales como los dientes del peine del tejedor; no hay diferencia entre el árabe y el no-árabe, entre el blanco y el negro, excepto por la piedad”.

Argumentan que a diferencia de otras religiones, el Islam acepta la salvación de la gente del Libro que, al menos, crea en Dios y en el Día Final y obre el bien. Dice el Sagrado Corán: “Los creyentes, y los judíos, cristianos y sabeos, los que de ellos crean en Dios y en el Día Final y obren el bien, tendrán una recompensa ante su Señor y no temerán ni se atribularán”. (Corán 2:62)

Puntualizan que el Sagrado Corán es perfectamente claro cuando establece que la fe no se impone por la fuerza, sino que se evidencia por sí misma a la razón y el corazón del hombre: “No haya imposición en cuanto a la religión, pues ya se ha evidenciado la verdad del error” (Corán 2:256) Obviamente, aprovechan esta referencia para evocar los excesos en que incurrió la Santa Inquisición catòlica, la esclavización de millones de negros, el sojuzgamiento de los pueblos americanos y el aplastamiento de los palestinos por parte del sionismo, que controla el Estado de Israel.



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