Fe religiosa en tiempos de recesión económica

Fe religiosa en tiempos de recesión económica

Eso de que la economía chilena estaba “blindada” no pasó de ser un chiste cruel, como le consta a los cientos de miles que han quedado cesantes, pero en medio de una crisis de envergadura mundial los cristianos tienen un aporte específico que hacer


Redacción de creyentes.cl
Viña del Mar, junio de 2009


 
“CRISIS ECONÓMICA Y esperanza cristiana” es el título del mensaje que con motivo del tiempo pascual 2009 escribió el secretario general de la Conferencia Episcopal de Chile y obispo auxiliar de Valparaíso, Santiago Silva Retamales, pero que tiene una vigencia más amplia, en una coyuntura marcadamente recesiva para la economía mundial, tras una crisis financiera sin precedentes y en medio de un marcada incertidumbre.

Aunque las autoridades chilenas se jactaban hace algunos meses que la economía estaba blindada, el desempleo viene en sostenido ascenso y ahora parecen fundados los temores de que lleguemos al millón de cesantes y de que el crecimiento del producto registre este año un resultado con signo menos.

En este contexto, el mensaje del obispo Silva recuerda que “tras la experiencia de la cruz, el sepulcro vacío nos recuerda que el caminar del género humano tiene, en Jesús, un sentido y una esperanza”, todo lo cual anima a los creyentes en el Evangelio a enfrentar la vida diaria con alegría y optimismo.

Sin embargo, la Iglesia Católica mira con preocupación la realidad compleja de una crisis económica que evoluciona con peligrosas consecuencias sociales. “En los rostros inquietos de trabajadores y empresarios, en la sensación de incertidumbre y de pesimismo que acompaña nuestro andar, reconocemos los rostros cabizbajos de los dos discípulos que se encaminaban tristes a Emaús”.

Horas después, claro, esos mismos hombres volvían a Jerusalén llenos de alegría por haber escuchado al Maestro y haberlo reconocido cuando éste, en su condición de invitado, procedió a partir el pan. ¡Qué gratificante sería que la angustia que experimentan tantos que han perdido su trabajo o que sospechan que están al borde del despido, fuese reemplazada en breve lapso por la satisfacción del que puede mirar con tranquilidad el futuro porque dispone de un empleo digno!.

Es precisamente en el encuentro de la mesa fraterna, donde nos miramos al espejo de nuestro ser cristiano y, por lo mismo, descubrimos nuestra vocación a la solidaridad, escribe el obispo. El Santo Padre ha llamado la atención sobre la fragilidad del sistema económico. En efecto, cuando la actividad financiera se guía “por criterios meramente auto -refenciales, sin consideración del bien común a largo plazo”, parece evidente que “quien construye sólo sobre las cosas visibles (el éxito, la carrera, el dinero), construye sobre arena”.

Los discípulos misioneros no podemos quedarnos inmóviles frente a las consecuencias de este momento económico, ni tampoco resignarnos a que, como suele ocurrir, los más pobres y desamparados terminen siendo los más perjudicados, apunta el prelado. Los subsidios que contempla la red social montada por los últimos gobiernos logran ejercer un efecto paliativo, pero el crecimiento negativo o muy bajo del producto no puede menos que golpear a vastos sectores medios, en tanto que el desempleo asesta un daño severo a los hogares más pobres.

Será éste un tiempo propicio para reflexionar sobre el trabajo que aportamos a nuestra sociedad, para valorarlo y dignificarlo, en vistas al bien común de la sociedad, sostiene el secretario general de la conferencia de los obispos católicos. “También para alimentar nuestra esperanza, que sin duda debe ser el sello inconfundible de la mirada cristiana a los tiempos que corren”.  Dan ganas de decir amén.



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